martes, 30 de septiembre de 2008

Incluso las lágrimas

¿Acaso no lo hacen ya?
Es decir, ¿acaso no experimentan ya con la inteligencia?
¡Es enorme!
Sobrevives entonces a los días
Y descubres que son los días los que sobreviven a tu escasa inteligencia. 
¿Quién nos empuja?
¿Quién nos mueve de tras hasta caer al abismo?
Recuerda: estamos solos y cada día que pasa nos quedamos más solos. 
Ya nada más importa. 
Y nada más tiene nombre.
Cuando se creía en las palabras, cuando eran sonido, 
llegaron los otros y nos dividieron con muros de concreto, 
cercenaron las ideas y la inteligencia, 
se repartieron el botín dentro de la cueva de Alí Baba
y nos colgaron para que los demás escarmentaran. 
Ahí aprendimos que es mejor el silencio,
dar la espalda,
el camino de regreso; 
mejor que la furia y la rabia contenidas,
mejor que lo demás,
incluso las lágrimas. 

Este maldito blog

No hay nada. En verdad. Ahora miro las palabras que hace días escribí. Para mí son una sorpresa. Incluso cuando ya daba por invisible este maldito blog que nadie comenta. 

lunes, 19 de mayo de 2008

Lejana III

¿Dónde estás ahora, Lejana? Te veo y es casi preciso decir que eres invisible o que así me gusta creerlo hasta dar contigo y sentirte cerca, muy cerca, cubierta de cenizas y abandonada al beso de otros que nunca serán los mismos besos de estos labios que ahora te hablan. ¿Entiendes, Lejana? Dime si es cierto y dime si todavía sigues con vida; aun después de muerta vivirás en mis recuerdos y cada que cierre los ojos (ahora lo hago) y recuerde será como encender una lámpara en la noche con la oscuridad más cerrada. 

Es casi la hora...

Es casi la hora y el mundo parece más distante o siempre ha sido así y es hasta ahora que me doy cuenta, que siento como sopla en mi rostro, como maldice y como aguarda que me quede de pie bajo la lluvia. Es esa la sensación. A veces parece que alguien nos amarra manos y pies y que nos cuelga de un poste alto, muy alto (pienso ahora mismo en el asta bandera del zócalo) y nos da vueltas y vueltas (¿quién lo hace?, ¿por qué lo hace?) hasta que nuestra cabeza explota. ¿Entienden?, si no lo logran hacer, mejor; yo últimamente tampoco entiendo mucho... 

viernes, 16 de mayo de 2008

Lejana II

Porque a veces somos nosotros mismos los que nos provocamos dolor. A veces también nosotros mismos nos complicamos la vida. Y es como si una vida sin complicaciones no tuviera chiste para los demás, no tuviera chiste para nosotros. Si vas bien, si caminas bien, estás a salvo; de lo contrario corres el riesgo de caer, y de esas caídas uno a veces no se levanta. 

Lejana I

Quiero decirte algo, Lejana, y quiero hacer gestos graciosos frente a ti para provocar tu risa. Y no puedo. Imagina mi rostro. Cierra los ojos. Inténtalo, por favor, para mí es importante. Quizás no te acuerdes de mí. Harías bien en tirar todo de una buena vez por todas, como lo han tirado las personas que ahora duermen al lado de nosotros, las personas que mitigan en algo nuestra irremediable soledad. Incluso mi mujer se olvida de mí a cada rato y sólo se preocupa por meter la pastilla a mi boca, por ordenar que la trague y por darme a beber un poco de agua. Quiero creer que eso ayuda en algo mi tos seca y estos dolores en el pecho. Todo se queda dentro, Lejana. Dentro de uno. Nada más. La vida no es nuestra. 

¿Estamos de acuerdo?

Dijo ya no te quiero y mil pájaros resbalaron por sus labios. Atrapé uno de ellos y lo guardé en la bolsa de mi camisa. Me despedí. Caí la tarde y unos nubarrones por encima de nosotros parecían decirnos (parecían gritarnos porque en esos momentos todo el ruido eran gritos) que iba a llover. Llegué a mi casa, me quité la ropa y, desnudo, me paré frente a la ventana. Ligeras gotas resbalaban por el cristal y en cada una de ellas veía mi propia figura. Ya no te quiero, gritaron desde la bolsa de mi camisa que se encontraba ya, junto a un pantalón, en el suelo. No quise escuchar porque algo dentro de mí (o algo fuera, para el caso es lo mismo), así me lo sugería. Volví a escuchar el grito. Nada. Llegó la noche. Soñé entonces con ella y soñé que era yo una enredadera que se aprisionaba de su cuerpo. Desperté sobresaltado y nuevamente, tras unos minutos con los ojos abiertos, volví a escuchar el grito. Me levanté, tomé mi camisa del suelo y revisé la bolsa. Ahí estaba: un pájaro casi a punto de morir, mientras esa sensación extraña por mi espalda me indicaba que, días más tarde, crecerían alas.  

Acabo de terminar

No es nada importante. Ni siquiera lo considero un suceso que merezca mención alguna y, sin embargo, en vista de que hace falta un texto el día de hoy, anunciaré que el día de ayer se imprimieron las pruebas de ESPERANZA EL PALACIO mi primer libro de cuentos. Muchos de ustedes ya conocen parte del material que se presenta; otros no y agradeceré se den una oportunidad para leer, para leernos, y para echar al vuelo todo comentario que tengan acerca del mismo. No es nada importante, de verdad. Ni es una maravilla ni mucho menos. Es, sencillamente, el gesto de un hombre desesperado. Creo que ahí radica su esencia. Ni más ni menos.