lunes, 19 de mayo de 2008
Lejana III
¿Dónde estás ahora, Lejana? Te veo y es casi preciso decir que eres invisible o que así me gusta creerlo hasta dar contigo y sentirte cerca, muy cerca, cubierta de cenizas y abandonada al beso de otros que nunca serán los mismos besos de estos labios que ahora te hablan. ¿Entiendes, Lejana? Dime si es cierto y dime si todavía sigues con vida; aun después de muerta vivirás en mis recuerdos y cada que cierre los ojos (ahora lo hago) y recuerde será como encender una lámpara en la noche con la oscuridad más cerrada.
Es casi la hora...
Es casi la hora y el mundo parece más distante o siempre ha sido así y es hasta ahora que me doy cuenta, que siento como sopla en mi rostro, como maldice y como aguarda que me quede de pie bajo la lluvia. Es esa la sensación. A veces parece que alguien nos amarra manos y pies y que nos cuelga de un poste alto, muy alto (pienso ahora mismo en el asta bandera del zócalo) y nos da vueltas y vueltas (¿quién lo hace?, ¿por qué lo hace?) hasta que nuestra cabeza explota. ¿Entienden?, si no lo logran hacer, mejor; yo últimamente tampoco entiendo mucho...
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